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martes, 18 de abril de 2017

Semana Santa en Portugal (I)

Cuando escuchas a la gente hablar de sus vacaciones, casi todos escogen como destino lugares con playa, como Canarias, Andalucía o la zona de Levante, por poner los ejemplos mas comunes. Sin embargo, muy pocos, prácticamente nadie, te dice haber elegido Portugal, y curiosamente este país tiene todo lo que buscamos para pasar unas vacaciones.

La primera vez que estuve fue hace cerca de 30 años, en el viaje de estudios que hicimos en EGB y ya de aquellas me gustó, aunque es cierto que las cosas han cambiado mucho desde entonces. A fecha de hoy, he estado tres veces mas, y la última ha sido esta Semana Santa, en la que hemos aprovechado para ir tres días de minivacaciones, y de las que acabamos de volver. Y cada vez me sorprende y me gusta más, por diversos motivos que voy a explicar. Voy a dividir esta entrada en dos partes diferentes. En esta primera parte comentaré un poco por encima los lugares que hemos visitado y en una segunda parte, hablaré tanto sobre las ventajas como las desventajas que veo de este país.

Entramos en Portugal por Chaves, y fuimos bajando hasta llegar a Oporto, donde visitamos la zona turística, que estaba hasta los topes de gente. La verdad es que me sorprendió el bullicio y la cantidad de gente paseando, con las terrazas llenas.

Jardim do Infante Dom Henrique, junto al Palacio da Bolsa, en Oporto
Visita obligada, que además está muy cerca del centro, es el Puente Don Luis I, diseñado por un discípulo de Eiffel.

Puente Luis I, en Oporto
Seguimos hacia el sur, en dirección Aveiro, ya que como en este caso el tiempo acompañaba, decidimos ir de camping las dos noches, y escogimos uno en la zona de Praia de Barra (Aveiro) llamado Parque de Campismo da Praia da Barra. El camping no está mal, hay multitud de caravanas y autocaravanas que entran y salen constantemente, también hay bastante sombra, y los servicios y aseos no están mal, un tanto básicos pero funcionales. Los campings en Portugal suelen ser bastante baratos, casi la mitad que en España y hay muuuuchos y muy variados. Las dos únicas pegas que podría ponerle a éste es que con coche no se puede entrar pasadas las 10 de la noche, lo cual te deja poco margen para moverte, y que por la mañana, a eso de las 6, las palomas empiezan a montar escándalo, hasta el punto que te tienes casi que levantar porque es imposible dormir.


Una vez montada la tienda en el camping como base, nos fuimos moviendo para visitar diferentes sitios. La zona del camping ya por si sola está muy bien, ya que es zona de playas de arena finísima y hay una larga avenida con tiendas, restaurantes, bares, etc. Al final de dicha avenida está el Faro Da Barra, al parecer, uno de los mas grandes de Europa.

Faro da Barra, la verdad es que impresiona por el tamaño y la situación.
De esta zona, junto a un espigón, al final de la avenida, parte un paseo de madera que recorre un par de kilómetros de costa, por donde se puede pasear junto a las playas y ver las dunas que hay entre el mar y la ciudad.

Paseo de madera junto a las playas y las dunas, con el Faro da Barra al fondo
El segundo día visitamos Aveiro, conocida como la «Venecia Portuguesa». Y volvimos a encontrar un sitio repleto de gente, de actividad, tiendas, bares, etc. Una de las actividades turísticas principales de Aveiro son los paseos en unas barcas parecidas por su forma a las góndolas venecianas, llamadas en este caso Moliceiros (el nombre viene de Moliço, que es un alga que se recogía con estas embarcaciones para usarla como fertilizante agrícola) por sus canales naturales de agua salada. La gente hace cola para poder dar el paseo por la ria, pero mi consejo es que nada mas llegar preguntéis en cualquiera de los mostradores que hay (hay por lo menos diez empresas que se dedican a ello), porque a nosotros nos dijeron que había que esperar como hora y media, así que reservamos y pagamos el trayecto con antelación, y aprovechamos ese rato para conocer el centro. Los precios rondan entre los 7,5-9 € los adultos, y alrededor de 4 € los niños, pero merece la pena, por que explican un montón de cosas y el viaje dura algo así como 45 minutos.

Centro de Aveiro, con una de las varias rías o canales que lo cruzan
Un momento en el paseo en moliceiro por los canales de Aveiro, a punto de pasar bajo el Puente del Amor
También hay que mencionar los Palheiros, esas casas pintadas con rayas verticales de colores a la antigua usanza que se pueden ver en la Playa de Costa Nova.

Palheiros, las casas típicas de pescadores con rayas de colores
Otra cosa que merece mención es la Estación de Tren, también en Aveiro, con una decoración típica portuguesa con escenas pintadas de color azul en azúlejos.

Estación de tren de Aveiro
Detalle de los azulejos de la Estación de tren de Aveiro
El último día visitamos (quitando los pueblos pequeños que fuimos viendo) Guimarães. Otra ciudad turística por donde callejear y tomar algo en cualquier de sus múltiples terrazas. También visitamos el castillo Paço Dos Duques de Bragança, que ese día estaba abierto y ofrecían actividades culturales medievales para niños, como lanzamiento con arco, andar en zancos, etc...

Actividades para niños en el Paço Dos Duques de Bragança
Y para comer subimos al Monte de Santa Catarina, también conocido como Penha, donde hay un mirador con unas vistas espectaculares y también está el Santuario da Penha. Hay mesas de piedra al aire libre donde puedes comer en plena naturaleza, y también hay bares para tomar algo.

Vista de Guimarães desde la Penha (Monte Santa Catarina)
Santuario da Penha, también en el Monte Santa Catarina
Y una vez visitado Guimarães, tocaba volver a casa, y lo hacíamos con un muy buen sabor de boca y casi 1.200 km. a la espalda. Volveremos, no cabe duda!


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